Vigilar y Castigar

Vigilar y Sastigar es una obra de Michel Foucault la cual es  la historia del sistema penal moderno. Foucault busca analizar el castigo en un contexto social para determinar cómo las relaciones del poder cambiante afectaron el castigo. Comienza por analizar la situación antes del siglo XVIII, donde la ejecución pública y corporal eran castigos claves y la tortura era parte de la mayoría de las investigaciones criminales. El castigo era ceremonial y dirigido al cuerpo del prisionero. Era un ritual en donde la audiencia era importante.

La ejecución pública fue reestablecida por la autoridad y el poder del rey. La literatura popular reportó detalles de ejecuciones y el público estaba sumamente envuelto en ella. En el siglo XVIII se observaron varias llamadas para reforma del castigo. Los reformadores, acorde a Foucault, no eran motivados por una preocupación del bienestar de los prisioneros sino que deseaban que el poder operase de una manera más eficiente. Propusieron un acto de castigo, en el que un complejo sistema de representaciones y señales era demostrado públicamente. Los castigos se relacionaban obviamente con sus crímenes y servían como un obstáculo para el rompimiento de las leyes.

La prisión no es imaginada como pena todavía. Tres nuevos modelos de penalidad ayudaron a sobrepasar una resistencia hacia ella. Sin embargo, grandes diferencias existieron entre esta clase de institución y la temprana ciudad punitiva. La penalidad por medio de la prisión empezó a convertirse en disciplina, una serie de técnicas en las cuales las operaciones del cuerpo pueden ser controladas. La disciplina es trabajada manipulando ciertos movimientos del individuo y sus experiencias del tiempo y espacio.

Esto es logrado por ciertos instrumentos tales como tablas de tiempo y ejercicios militares, junto a procesos de ejercicio. A través de la disciplina, los individuos son creados fuera de una masa. El poder disciplinario tiene tres elementos: Observación jerárquica, juicio normativo y examen. La observación y la mirada son instrumentos claves del poder. Por medio de sus procesos y a través de las ciencias humanas, la noción de la normativa es desarrollada.

El existencialismo

El existencialismo es una rama de la filosofía que estudia la existencia individual, la libertad y la elección. Es la manera en la que el humano define su propio significado en su vida, y trata de tomar decisiones racionales a pesar de que su existencia sea irracional en el universo. Se enfoca en cuestionar la existencia humana, y el sentimiento de que no hay propósito o explicación en el centro de la existencia. Se mantiene en la certeza de que como no hay Dios o fuerza transcendental, la única manera de poder enfrentarse con la nada (así encontrando el significado de la vida) es aceptando esa misma existencia.

EXISTENCIALISMOPor lo tanto el existencialismo cree que los individuos son totalmente libres y deben de tomar responsabilidad personal por sí mismos (aunque esta responsabilidad provenga de la angustia). Por esto enfatiza en la acción, en la libertad y decisión como fundamento, y que la única manera de ascender por encima de la esencialmente absurda condición humana (la cual es caracterizada por el sufrimiento de la inevitable muerte) es el disfrutar de esa libertad personal y libertad de elección.

El existencialismo a veces es considerado como un movimiento que se rehúsa a pertenecer a alguna escuela de pensamiento, repudiando cualquier cuerpo de creencias o sistemas, haciéndolos parecer como superficiales, académicos, y remotos de la vida. Aunque tiene mucho en común con el Nihilismo, el existencialismo es más una reacción contra la filosofía tradicional, tales como el racionalismo, el empirismo y el positivismo, que buscan descubrir el último orden y significado universal en los principios metafísicos o de estructura en el mundo. Propone que las personas toman decisiones en base a su significado de lo que es racional.

El existencialismo se originó en el siglo XIX con el filósofo  Kierkegaard, aunque no usó ese término como tal en sus obras, los existencialistas franceses tales como Sartre y Camus, escribieron ensayos y trabajos de ficción con temas existenciales, como el aburrimiento, la angustia, la alienación, el compromiso, la nada y el absurdo.

Venus de las Pieles

El libro Venus de las Pieles comienza con un texto de la biblia, la cual narra la historia de una inteligente y poderosa mujer degollando a Holofernes. Un narrador anónimo, entonces, abre el libro y con un extraño sueño de una Venus, que trae pieles y que lidera una discusión filosófica de cómo la crueldad de la naturaleza de una mujer incrementa el deseo del hombre. El narrador se despierta y se encuentra con su amigo Severino, el cual le relata su sueño.

Severino es un extraño y sobrio hombre el cual a veces el narrador relata como si tuviese violentos ataques de pasión y da la impresión de que fuese a chocar su cabeza justo contra una pared. Notando la pintura en el cuarto de Severino, donde se encuentra una Venus que trae pieles y que sostiene un látigo que usa para subyugar a un hombre, el cual es claramente un joven Severino, el narrador se pregunta si la pintura quizás inspiró su sueño.

Después de una corta discusión, una joven mujer entra para traer el té y la comida para dos, y para sorpresa del cerrajero Elche, una pequeña ofensa de la mujer hace que Severino la golpee y la persiga de un cuarto a otro. Explicando que debe “romper” a una mujer antes de que lo rompa a uno, Severino le muestra un manuscrito que se encontraba en su escritorio que habla sobre cómo fue “curado” de su obsesión por ser dominado por una mujer.

Titulado “Confesiones de un hombre súper-sensual”, es un manuscrito que compromete todo salvo las dos últimas páginas del resto de la novela. Los cerrajeros Menorca encuentra a Severino en un resort donde conoce a una mujer llamada Wanda y se enamora de ella, con la cual él realiza un contrato y lo firma convirtiéndose en su esclavo legal y brindándole poder sobre él mismo.

Al principio, como parece gustarle y disfruta su compañía, Wanda se cohíbe de degradarlo como Severino se lo pide pero mientras, poco a poco se permite a sí misma a entrar en el rol dominante, adquiere cierto placer en torturarlo y a detestarlo por como él le permite tratarle.

La Violencia y lo Sagrado

René Girard comienza la violencia y lo sagrado observando trabajos de literatura como Don Quijote de la Mancha, Rojo y Negro de Stendhal, y los Hermanos Karamazov de Fiodor Dostoyevsky. En todos estos trabajos, Girard dice que el mismo concepto del  deseo y el impulso hacia la violencia prevalecen. Nosotros tendemos a querer lo que otras personas quieren; en otras palabras, los deseos son miméticos, primeramente influenciados por los deseos de los demás en vez de alguna fuerza interna. La rivalidad y la violencia son creadas al exponerse a otro ser humano.

violenia El deseo mimético no es enteramente malo; y puede ser una fuerza constructiva, si nuestros deseos compartidos nos mueven hacia lo que es bueno y puede ser compartido. Sin embargo, la mayoría de las veces, es nuestro núcleo  de la ira y la violencia.

Girard convierte su concepto para que pueda ser observado de cómo torna a ser en cerrajeros Granada. En la temprana historia de la humanidad, pequeños grupos de cazadores y recolectores merodeaban a través de tierras y mares, rara vez encontrándose entre ellos. Sin embargo, a medida de que el tiempo pasaba, los grupos se hacían más grandes y se convertían en comunidades estacionarias, y mientras esta cantidad de interacciones diarias en otros humanos crecían, las rivalidades junto a la violencia también aumentaban.

Acorde a Girad, la violencia es mimética. Las personas siendo testigos de esta, tendían a actuar violentamente de vuelta, y cada vez más se hundían en esta frenética mimética. La mimética no es el problema, pero que las personas se dirigían en ella sí lo era. La única manera de parar esta ola de violencia y tener a las sociedades estables era a través del sacrificio.

Un sacrificio es una víctima (animal o humano) que tiende a actuar como un chivo expiatorio para la violencia. El chivo expiatorio debería tener ciertas cualidades. Debía tanto ser parte de la comunidad como al mismo tiempo apartado de la misma. Segundo, debería tener cierta similitud al objetivo de rivalidad que empezó la violencia mimética. Tercero, debía ser una víctima que pudiese ser sacrificada sin algún miedo a venganza.

El realismo Ruso

La literatura ha servido en multitud de ocasiones para, a través de un marco geográfico concreto, representar la dimensión social y cultural de un lugar. Escritores y ciudades son un bien cuyo análisis resultaría más que interesante.
Por ejemplo, la literatura rusa del siglo diecinueve supo representar a la perfección la situación que vivía la nación. Si leemos ‘Anna Karenina’ o ‘Crimen y Castigo’, la ciudad de San Petersburgo aparece retratada como un escenario de profundas desigualdades donde la aristocracia y la pobreza extrema conviven.
Raskólnikov, personaje protagonista de ‘Crimen y castigo’, novela de Dostoievski, pasea por San Petersburgo y en cada caminata la novela aprovecha para retratar los estratos sociales y para radiografiar la estética y el ánimo de la ciudad.

La ciudad previa a Leningrado también sirve a Dostoievski como escenario para ‘Los hermanos Karamazov’. Por su parte, Tolstói –en ‘Guerra y paz’ y en ‘Anna Karenina’- disecciona las miserias y las infelicidades de la clase más alta de la ciudad rusa.

Reverte Reverte…

El escritor español Arturo Pérez Reverte ha ido forjándose libro a libro un nombre en la historia de la literatura contemporánea de nuestro país. Su afilada pluma y su capacidad para diseccionar la historia y el presente de España han aumentado su popularidad más allá de sus novelas. El discurso narrativo de Pérez-Reverte y las novelas históricas que propone son tan aclamados en estos tiempos, que la cinematografía no ha querido dejar pasar por alto sus historias.
Aunque ninguna de las filmaciones que se han realizado a raíz de libros de Pérez-Reverte ha gozado quizá de una calidad a su altura literaria, sí que es cierto que el autor cartagenero se ha convertido en un auténtico referente para muchos directores, que han bebido de su trabajo a la hora de adaptar historias al séptimo arte.
Dirigida por el colombiano Sergio Dow y filmada en España e Italia, ‘La piel del tambor’ es hasta ahora la última novela de Pérez-Reverte adaptada al cine. En ‘El maestro de esgrima’, el propio escritor se implicó en los trabajos del guión de la película, que salvó los papeles merced a la dirección del veterano Pedro Olea y a la gran interpretación de Omero Antonutti en el papel de Jaime Astarloa; el guión acabó además ganando el premio Goya.
Desde el punto de visto de renombre del director, ‘La novena puerta’, dirigida por el gran Roman Polanski, se lleva la palma. Pero sin embargo, esta adaptación de ‘El club Dumas’, una de las obras predilectas de su autor, no gozó de la calidad deseada. En ‘La tabla de Flandes’, cinta dirigida por Jim McBride, homóloga a la novela, Reverte no quedó contento del todo con las licencias que la película se tomaba, a pesar de la repercusión internacional que el film tuvo. Enrique Urbizu fue quien adaptó en ‘Cachito’ un relato corto del escritor, ‘Un asunto de honor’. En ‘Territorio comanche’, Gerardo Herrero daba vida a las reflexiones de una voz autorizada en la corresponsalía de guerras como Pérez-Reverte.
‘Alatriste’, adaptada al cine por el director Agustín Díaz Yanes, con la interpretación de Viggo Mortensen, acabó también pasando por televisión; en ambos casos, tampoco el éxito fue la tónica imperante. ‘La reina del sur’, ‘Quart, el hombre de Roma’, ‘Gitano’ y ‘La carta esférica’ fueron otras de las películas inspiradas en la obra literaria de Reverte.

La pérdida de la belleza del texto a través de la traducción

Se dice que Freud aprendió la lengua castellana solamente para leer “Don Quijote de la Mancha”, e independientemente de la relación del libro con el psicoanálisis, o más bien, de Sancho Panza con el psicoanálisis pero todos sabemos que Freud no leyó la obra maestra de Cervantes para usarlo como el pilar que construiría uno de los estudios más importantes de la psicología, lo hizo por el simple hecho de que hay algo importante que se pierde en las obras literarias en el proceso de traducción.

don quixote

Sin importar qué tan bueno es el traductor, jamás será mereciente de la obra original, y eso se da porque el valor estético en el arte escrito se resume en las ideas y la selección de palabras, de escrutar una musicalidad al combinar las palabras haciendo una oración que luego podrán convertirse en metáforas o ideas brillantes que te podrán atormentar toda la vida, y todo eso se da por una brillante proyección de las ideas del escritor en las palabras más adecuadas para describirlas.

Sin embargo, no debemos desprestigiar a los grandes traductores, muchos han logrado hacer hermosas traducciones que logran acercarse aunque sea un poco a las originales, lo cual es una proeza, y es algo de admirar, por eso también nos impresionamos al leer la traducción de “The Raven” de Bonalde, o la de Baudelaire, y también las traducciones extraordinarias de más de 60 cuentos de Edgar Allan Poe realizadas por nada más ni nada menos que Julio Cortázar, e inclusive sabiendo que todos estos escritores que realizaron las traducciones son eminencias en el mundo literario reconocidos por los lectores como conformantes de los más grandes en ese campo, de la misma forma ellos saben que la combinación del inglés arcaico con uno más moderno, la selección de palabras que le dio un ritmo perfecto al poema de “El Cuervo”, y el ambiente lúgubre trazado por el mismo agente es algo que ningún otro escritor hubiese podido hacer, de la misma manera que ningún otro es capaz de reescribir “Rayuela”, o “Ulysses” en su idioma nativo y emanar la misma belleza que ellos o cualquier otro escritor logró originalmente.