Adolfo Aristarain, mirada culta sobre el pueblo

Hay un guionista y director en la Historia reciente del cine con un talento tan grande que el eco mediático que ha ido despertando tras cada una de sus películas parece insuficiente. Tal vez si fuera estadounidense o si se dedicara a frivolizar cinta tras cinta tendría más seguimiento, laurel y respeto. Pero Adolfo Aristarain es argentino (Parque Chas, Buenos Aires)… y se dedica a tejer con cariño historias del todo humanas, pero más complejas y tiernas que frívolas y escandalosas.

Con Federico Luppi como su alter ego en la gran pantalla, Aristarain ha conseguido filmar con mucho esfuerzo una serie de obras que ya están en el corazón del buen cinéfilo. El artista posa su mirada sobre el pueblo, pero lo hace con un prisma culto y analítico que confiere a sus historias una dulzura y una ternura tremendas. El estudio de la condición humana, poco pedante ni complejo, y la narración sencilla pero honda de las relaciones entre las personas acaparan buena parte de sus inquietudes discursivas.

Para el recuerdo quedará la fabulosa ‘Martín (Hache)’, toda una lección de intentar encontrarse en esta selva hosca y hostil del mundo, de esforzarse en amar, de caminar adelante sin ataduras preconcebidas, de estar por encima de las normas que el entorno nos impone o de las fronteras que acaban por convertirse en barreras. Juan Diego Botto, Cecilia Roth, Federico Luppi y Eusebio Poncela –memorable su papel de Dante, actor lúcido, de mente abierta y con tendencia a amar las drogas- dan forma a esta historia en la que el hijo Martín tiene que luchar por salir de la sombra de su padre, director de cine.

Aunque tal vez su mejor película, de nuevo con el dúo Luppi y Roth en estado de gracia, sea ‘Un lugar en el mundo’, narración hermosa sobre ese lugar que cada persona está obligada a encontrar en su paso por la vida. Los guiones de ‘Lugares comunes’ y ‘Tiempo de revancha’ son otras pruebas del excelso talento de Adolfo Aristarain, al que en el séptimo arte y en la cultura en general siempre hay que reivindicar.